{"id":9470,"date":"2021-07-17T10:38:54","date_gmt":"2021-07-17T10:38:54","guid":{"rendered":"https:\/\/www.sanserif.es\/el-largo-de-los-pantalones\/"},"modified":"2022-03-04T09:55:31","modified_gmt":"2022-03-04T09:55:31","slug":"el-largo-de-los-pantalones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.sanserif.es\/en\/el-largo-de-los-pantalones\/","title":{"rendered":"El largo de los pantalones"},"content":{"rendered":"<p>No s\u00e9 cu\u00e1ndo aprend\u00ed a hacer anillos de humo. Lo cierto es que ni siquiera recuerdo cuando fum\u00e9 el primer pitillo. S\u00e9 que empec\u00e9 pronto, a\u00fan con rodillas negras y barro en las manos. Entonces pas\u00e1bamos tanto tiempo en la calle, que algo ten\u00edamos que hacer en los tiempos muertos. Esos que trascurren entre darle patadas a una lata y pelearnos con los ni\u00f1os del otro lado de la acequia.<\/p>\n<p>Cuando las piedras dejaban de silbar y pas\u00e1bamos revista a las tropas, el tiempo empezaba a hacerse espeso. De la emoci\u00f3n y la \u00e9pica, se pasaba a un silencio sudoroso. A mirarse las manos y las piernas, sin saber qu\u00e9 hacer. Hasta que un d\u00eda de verano, alguien puso en mis dedos una colilla. \u00danico consuelo que ten\u00edamos para calmar los temblores, m\u00e1s de rabia que de fr\u00edo.<\/p>\n<p>Cuando Moreno, el de la paqueter\u00eda, me alarg\u00f3 la luci\u00e9rnaga de humo, me qued\u00e9 helado. No sab\u00eda qu\u00e9 hacer. Las muchas horas de poses de chulapo de verbena ante el espejo de lat\u00f3n de la abuela no parec\u00edan haberme servido de mucho. La cog\u00ed con adem\u00e1n despreocupado, pero, en realidad, mi coraz\u00f3n golpeaba el pecho como un tambor, me temblaba el brazo y sent\u00eda como las gotas de sudor recorr\u00edan la espalda. Aspir\u00e9 con timidez y sent\u00ed como el fuego quemaba la garganta y los pulmones se hinchaban con un cosquilleo. Triunfo ef\u00edmero. Una repentina tos dobl\u00f3 mi cuerpo, entre risas de unos y ojos como platos de los que, como yo, todav\u00eda llevaban tirantes y pelo a cepillo.<\/p>\n<p>Note que una mano recuperaba la colilla de mis dedos. De reojo vi al hijo del panadero apurar la calada dejando salir un chorro de humo por los labios, al tiempo que unas lagrimillas pugnaban por desbordar los m\u00edos. Nadie dijo nada, pero sent\u00eda clavadas en mi nuca las miradas de los que, hasta ahora, hab\u00edan sido mis iguales. Unas miradas que pesaban en los hombros y me manten\u00edan con la cabeza baja.<\/p>\n<p>El ruido de una camioneta nos sac\u00f3 a todos del letargo. La estela de polvo que dejaba atr\u00e1s le hac\u00eda parecer un monstruo de ojos brillantes que rasgaba las primeras sombras de la tarde. Probablemente, uno de los forrajeros que ven\u00edan de Moralzarzal para descargar heno y sacos de grano. El veh\u00edculo se acercaba inexorablemente a nosotros. Nunca pude agradecer a ese conductor el cambio de tercio que me permiti\u00f3 secarme los ojos y recuperar la compostura.<\/p>\n<p>Tras matar la colilla, nada m\u00e1s quedaba por hacer. La camioneta paso dando botes por el empedrado del puentecillo y dejando una niebla sucia que imped\u00eda ver el cielo. Era la se\u00f1al para replegarse. Uno a uno, los de m\u00e1s edad empezaron la procesi\u00f3n. Se mov\u00edan lentamente, balance\u00e1ndose de un lado a otro como un paso del Sant\u00edsimo Cristo de las Mercedes. Entraban en las tinieblas y desaparec\u00edan como fantasmas. Los peque\u00f1os segu\u00edamos all\u00ed, sin abrir la boca.<\/p>\n<p>-\u00a1Lagartija!- grit\u00f3 una voz. Y el zagal enjuto que respond\u00eda a ese apodo sali\u00f3 disparado hasta desvanecerse tambi\u00e9n. Qued\u00e1bamos cuatro. Piti y Marcial que no hab\u00edan dejado de darse con el codo y cuchichear desde que par\u00f3 la escaramuza. Y Carmelo, que permanec\u00eda tumbado todo lo largo que era mirando al infinito, en silencio.<\/p>\n<p>-\u00bfQu\u00e9\u2026 qu\u00e9 haces?- murmur\u00e9.<\/p>\n<p>-\u00a1Que no te pispas del cielo que tenemos! -Y cruz\u00f3 las dos manos en la nuca, dejando a la vista el remiendo de la camisa.<\/p>\n<p>-Poco se ve hoy que no hay Luna. Y menos se ver\u00e1 en un rato, si no nos damos prisa en volver\u2026 &#8211; Habl\u00e9 con aplomo, como si la calada me hubiera aportado la experiencia de la vida.<\/p>\n<p>-Yo, de aqu\u00ed no me muevo- No lo dijo con violencia, sino con la convicci\u00f3n de quien espera algo que es m\u00e1s importante que la vida misma. -Mi padre dice que en noches como \u00e9sta se pueden ver las L\u00e1grimas de San Lorenzo\u2026-<\/p>\n<p>-\u00bfLas l\u00e1grimas de San Lorenzo?- Pregunt\u00e9 desconcertado- \u00bfEse no es el que est\u00e1 pasado Colmenarejo? Dile a tu padre que te lleve\u2026 y pleguemos que la noche est\u00e1 a la vuelta de la esquina.<\/p>\n<p>-Pues mi madre dice que el \u00fanico cielo que existe es el cielo de Madrid-, se arranc\u00f3 Marcial con una vocecilla pituda que denotaba que ten\u00eda los a\u00f1os justos para sumar m\u00e1s dedos que una mano.<\/p>\n<p>-\u00a1Quia! \u00bfY t\u00fa qu\u00e9 sabr\u00e1s? \u2013 respondi\u00f3 Piti, acompa\u00f1ando sus palabras con un pu\u00f1etazo en el brazo. Marcial devolvi\u00f3 el envite y los dos acabaron revolcados en el suelo entre gru\u00f1idos y risas.<\/p>\n<p>-El se\u00f1orito Mej\u00edas le dijo a mi padre que las l\u00e1grimas son de fuego\u2026 Y que hay mucha afici\u00f3n a pedir deseos cuando se ven. \u00a1Y muchos se cumplen!- Ahora, entend\u00eda mejor el inter\u00e9s de Carmelo. Todos ten\u00edamos un deseo. Llevaba falda de tul y se dejaba ver por la pasteler\u00eda los domingos despu\u00e9s de misa. Si \u00e9l se quedaba, yo tambi\u00e9n.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed permanecimos, pasando fr\u00edo sobre el empedrado. Clavados los ojos en el firmamento en busca de una l\u00e1grima de San Lorenzo. Pena que no supi\u00e9ramos muy bien qu\u00e9 buscar, mientras las nubes iban apagando las lucecitas que manchaban la inmensa negrura que ten\u00edamos encima. Un trueno lejano anunci\u00f3 tormenta, pero ninguno de los dos nos movimos. Ni siquiera, cuando Piti y Marcial cansados de lanzarse puyas y empujones, acabaron por volver a casa. Llegaron los rel\u00e1mpagos y con ellos un viento de la sierra que cortaba la respiraci\u00f3n. Ni los temblores, ni el vaho nos hicieron cambiar de actitud. El primero que viera la l\u00e1grima se llevar\u00eda un beso de Manuela.<\/p>\n<p>A las primeras gotas que cayeron les pedimos todo tipo de zalamer\u00edas, tan tontas como la propia idea de que eso que ven\u00eda del cielo eran las l\u00e1grimas de San Lorenzo. La tormenta arreci\u00f3. Corrimos por las calles sin mirar atr\u00e1s, con la certeza de haber sido m\u00e1s r\u00e1pido que el otro y tener el favor del Santo y el de Manuela.<\/p>\n<p>*****<\/p>\n<p>Por Jos\u00e9 Antonio Gim\u00e9nez<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No s\u00e9 cu\u00e1ndo aprend\u00ed a hacer anillos de humo. Lo cierto es que ni siquiera recuerdo cuando fum\u00e9 el primer pitillo. S\u00e9 que empec\u00e9 pronto, a\u00fan con rodillas negras y barro en las manos. 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